Desde que empresas como Zara y H&M impusieron el ‘fast fashion’, el consumo y producción de prendas se ha disparado, mientras toneladas de ropa se acumulan sin que nadie sepa bien qué hacer con ellas.

Es difícil imaginarse un mundo sin ropa, ya que casi para todo el mundo, vestirse entra dentro de sus necesidades básicas. La ropa es un elemento fundamental en nuestra vida diaria y desempeña un papel muy importante dentro de la economía mundial, empleando a más de 300 millones de personas.

El gran inconveniente es que en los últimos 15 años la producción de prendas se ha multiplicado por dos, llegando a 100 billones de prendas y para el 2050 la estimación es que se triplique — datos obtenidos del informe A New Textile Economy de la Fundación Ellen MacArthur. Teniendo en cuenta que actualmente somos 7,8 billones de personas en todo el mundo, alguien se podrá preguntar: ¿cómo vamos a ponernos toda esa ropa? Lógicamente no hay respuesta coherente, ya que la sobreproducción en el sector demuestra que la sostenibilidad, a día de hoy, es un concepto poco realista.

Eslóganes como There is not planet B o Buy less, choose well, make it last pertenecientes a marcas como ECOALF o Vivienne Westwood respectivamente, proclaman que otro modelo de consumo es posible y por supuesto, muy necesario.

Partiendo de la premisa que la prenda más sostenible es aquella que no se produce -no hay consumo de materias primas, ni energía, ni contaminación, ni microplásticos de por medio- nos podemos hacer una idea del impacto, tanto social como medioambiental, que esa producción masiva de prendas tiene en el planeta.

Todos sabemos por qué casi la totalidad de empresas de moda fabrican en países asiáticos o en los llamados países del tercer mundo, razones puramente económicas. Estas empresas se aprovechan de producir a un coste ínfimo, pagando sueldos que normalmente no llegan ni a cubrir el coste de la vida y contaminando países, en donde la protección medioambiental es inexistente o muy reducida. Algunos ejemplos de malas prácticas en el sector son el accidente del Rana Plaza en Bangladesh -donde en 2013 murieron 1000 personas que trabajaban hacinados en talleres textiles- o el caso de China, principal hub de producción textil a nivel mundial, en donde hay ríos cuyas aguas cambian de color dependiendo del color predominante de la temporada (ver el documental Blue River altamente recomendable).

Mientras tanto, tú te dedicas a comprar ropa barata llevado por ese constante deseo de novedad. Pero, alguna vez te has preguntado: ¿a qué precio?

La razón principal por la que no lo hacemos es que no vemos las consecuencias de este consumismo como algo cercano. Pero actualmente el problema está llegando hasta nosotros en términos de contaminación, ya sea por la cantidad de microplásticos generados durante el lavado de las prendas -la Fundación Ellen MacArthur estima que se vierte lo equivalente a 50 billones de botellas de plástico al año- o por la cantidad de residuos textiles, cada vez mayor, en nuestros vertederos. Hay tener en cuenta que, según la Asociación Ibérica de Reciclaje Textil (Asirtex), cada español consume aproximadamente 34 prendas de ropa al año y desecha unos 12 kilos, siendo estos uno de los residuos más contaminantes, por la cantidad de CO2 que emiten a la atmósfera. Aunque nos parezca una barbaridad (y lo es), el estadounidense medio tira 31 kg.

Las alternativas restantes para el residuo textil son, la incineración- con la emisión de gases de efecto invernadero- o el envío masivo a terceros países, principalmente africanos. Ese es el caso de Ghana, donde el efecto que produce el mercado de segunda mano es la saturación del sector textil local y la contaminación de ríos y mares.

Ft. The Or Foundation. Imagen de un vertedero en Accra, Ghana

En cuanto al reciclaje, es una de las cuestiones pendientes en el sector. Actualmente, según la Fundación Ellen MacArthur, solo un 1% del textil producido llega a reciclarse y se reutiliza principalmente en la industria automovilística o en la construcción, dando como resultado un downcycling o reciclaje de un producto en otro de menor valor. Lo ideal sería pasar del reciclaje mecánico– utilizado en la actualidad, donde no se consigue un reciclado prenda por prenda- al reciclaje químico, con el que se podría cerrar el círculo y producir prendas con otras prendas desechadas, obteniendo una calidad igual o superior.

Algo positivo es que la sostenibilidad es tendencia y que actualmente cualquier empresa se desvive por proclamar sus acciones favorables al medio ambiente o, de una forma menos remarcable, el efecto que tiene en la sociedad.

Esta situación está presionando a las marcas y a los agentes que operan en el sector a buscar soluciones más sostenibles, como, por ejemplo, el uso de polyester reciclado obtenido a partir de botellas PET, o el uso de materiales más naturales como el cáñamo o el lino — que consumen menos agua y utilizan menos químicos en su producción. La eficiencia energética o el uso de energía renovable, junto con el reaprovechamiento del agua o la reducción de químicos, son otras de las medidas llevadas a cabo en el sector. Acciones que, aunque no son perfectas, muestran un cambio de rumbo y un incremento en términos de inversión e interés, vaticinando una evolución positiva en poco tiempo.

Aunque, aquí entra en juego el uso del greenwashing -o publicidad verde engañosa- utilizado por grandes marcas, principalmente de fast fashion. Si partimos de un modelo de negocio basado en producir cada vez más a un menor precio, queda claro que principios como la sostenibilidad o la ética no son tomados en cuenta.

Y ante esta situación, ¿qué podemos hacer?

  1. Lo principal es reducir nuestro consumo. Revisa tu armario y sé consciente de la cantidad de ropa y calzado que ya tienes. Da una nueva vida a tu ropa, repara aquello que esté roto, intercámbiala con tus amigos o dónala.
  2. Oponerse a la moda convencional, sobre todo al fast fashion y a las tendencias que cambian en un abrir y cerrar de ojos. Debemos buscar prendas atemporales.
  3. El mercado de segunda mano es la opción más sostenible si tenemos que adquirir algo. Plataformas como Vinted, Wallapop o tiendas como Humana se van convirtiendo en opciones cada vez más demandadas.
  4. Consumir ropa elaborada con materias primas naturales. El uso de algodón orgánico o cáñamo son algunas de las mejores opciones, así que comprueba la etiqueta de cada prenda.
  5. Apoyar marcas pequeñas y diseñadores locales, con producciones más respetuosa con el medio ambiente. Algunos ejemplos son ECOALF, Thinking MU, SKFK, TWOTHIRDS, Minimalism o Ternua. Y es que en las empresas de fast fashion, una prenda puede dar más de 2 vueltas al mundo antes de terminar expuesta en cualquier tienda, con el impacto medioambiental que eso conlleva, según datos de Greenpeace.
  6. ¡La información es poder! Tenemos que investigar sobre la procedencia de los materiales y preguntar sobre las condiciones laborales de las firmas que te gustan. Algunas iniciativas a tener en cuenta son: Bcome, que ha desarrollado una herramienta que mide el impacto de cada prenda en base a diferentes parámetros, o la campaña #WHOMADEMYCLOTHES de Fashion Revolution, que pide visibilizar a todos los colectivos implicados en la producción de nuestra ropa.
Campaña de Fashion Revolution
  1. Y por último, hay que reciclar bien. La moda sostenible significa luchar contra la acumulación de ropa en nuestros armarios (y vertederos), por lo que dónala o utiliza los contenedores correctos -no uses el contenedor gris o restos.

Teniendo en cuenta que el concepto de sostenibilidad, entendido como la capacidad de satisfacer las necesidades actuales sin sacrificar la posibilidad de futuras generaciones de satisfacer sus propias necesidades, fue descrito por primera vez en 1987 por la ONU, está claro que poco, o nada, hemos avanzado es este asunto desde entonces.

Actualmente consumimos recursos naturales muy por encima de nuestras posibilidades. En 2020 WWF, en su informe Planeta Vivo, estima que necesitaremos 1.75 planetas para poder abastecer las necesidades de todos los habitantes del mundo y para 2050, la cifra aumentará a 2.5 planetas. Esto quiere decir que se consume un 75% más de los recursos naturales que la tierra puede ofrecer.

¿Y tú, aún sigues comprando más ropa?

Isaac Romero Ruiz